Prácticas hacia la felicidad

Este post forma parte de una serie de artículos relacionados con la Felicidad y la propuesta de practicar actividades slow para frenar nuestro ritmo frenético del día a día y no olvidarnos completamente del sabor de las cosas hechas sin prisa.

Puedes ver aquí cómo conciliar momentos slow en tu vida, así como una lista con otras actividades que puedes practicar.

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Antes que nada, quería aclarar que el jabón que se realiza a partir de aceites reciclados es para lavar la ropa y el jabón para uso personal está hecho a partir de aceite nuevo. Como presentía que este proceso iba a ser costoso, por lo menos al principio, quise hacer un jabón de mayor valor, y tener un jabón 100% natural para uso personal tiene suficiente valor para mi como para dedicarle tanto tiempo.

Ahora que ya he entendido el proceso probaré también a hacer el de lavar la ropa, porque poder reciclar algo que es tan contaminante también tiene su valor, pero primero tengo que recolectar un litro de aceite usado y de momento no tengo ni el 10%.

Todo empezó por una planta de Aloe Vera que se está saliendo de su tiesto. De vez en cuando uso alguna de sus hojas como crema hidratante, sobretodo este verano tras tomar el sol, pero es mucho lo que produce para mi consumo, así que busqué otras formas de darle uso.

Sabía que el Aloe Vera se utiliza mucho en productos de cosmética, así que se me ocurrió lo del jabón. Busqué y encontré que sobretodo tiene funciones antisépticas y cicatrizantes y regula el exceso de grasa en la piel, lo cual era perfecto para mi, así que seguí adelante con la idea.

Si no es vuestro caso, da lo mismo porque la combinación de sustancias que contiene el aloe vera es capaz de actuar en profundidad y de diferentes formas, dependiendo del tipo de piel sobre la que se aplique. Tiene la capacidad de astringir las pieles grasas, de hidratar las secas, de regular el sebo en las acneicas y de calmar las pieles irritadas, así que nos viene bien a todos.

En la receta en la que me basé utilizaban también menta por sus propiedades relajantes y desinflamantes sobre la piel que suavizan las líneas de expresión.

Digo que me basé porque fui cogiendo ideas de aquí y de allá.

He de decir que mi primer intento fue totalmente fallido y estos son los datos del segundo, que ya tiene mejor pinta. No soy ninguna experta en la materia, pero quería compartir con vosotros mis experiencias con la esperanza de que os inspiren y os sirvan!

Vamos a ello…

Ingredientes:

– 4 hojas de Aloe Vera.
– Hojas secas de menta. Yo no tenía menta y compré en la herbolistería.
– 1 litro de aceite nuevo.
– 1 litro de agua.
– 190gr de Sosa. La compré en la droguería.

Precauciones:

La sosa es muy peligrosa, así que en todo momento hay que mantener los guantes puestos y procurar que no toque en ningún momento la piel. En el momento en que se echa al agua hay que tener especial cuidado y nada más echarla salir del lugar hasta que acaben de salir los gases. Yo pongo el extractor como ayuda. No hay que usar nada de aluminio en el proceso porque hace reacción. Y finalmente, los utensilios que toquen la sosa directamente hay que reservarlos para este propósito y no usarlos para nada más.

Material:

– Barreño
– Algo para remover
– Guantes
– Batidora
– Moldes. Yo usé moldes para magdalenas de diferentes formas, y un molde para bizcochos grande que luego corté en pastillas cuadradas.

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1. Poner el agua a hervir con la menta para hacer la infusión.

2. Mientras se hace la infusión y la dejamos enfriar pelamos el Aloe vera. La mejor forma que encontré fue partirlo en dos y rebañar con una cuchara. Después hay que licuarlo todo y guardarlo para después.

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3. Colar el agua y ponerla en el barreño junto a una ventana o extractor. No tires los restos de menta, yo usé un poco al final del proceso para decorar las pastillas y que tuvieran un aspecto más natural. Imagino que irán saliendo las hojitas por dentro cuando lo uses.

4. Echar con mucho cuidado la sosa en el agua y salir de la estancia unos minutos. Yo tras esto lo removí un poco y la dejé enfriar.

He leído mil artículos sobre el proceso y en cada uno dan diferentes instrucciones, así que he ido cogiendo ideas y he contrastado con los resultados del primer intento. En el momento de echar el aceite, deben de estar los dos líquidos a temperaturas similares, así que en las primeras instrucciones que seguí decían que tenías que poner a hervir el aceite para igualar la temperatura del agua que con la sosa aumenta muchísimo su temperatura. Sin embargo, cuando más caliente esté el líquido, más tiempo tendrás que estar removiendo después, así que la segunda vez opté por dejar enfriar el agua para igualarla con el aceite a temperatura ambiente.

5. Echar el aceite poco a poco mientras remueves el líquido con el cucharón.

6. Al acabar, cambiamos el cucharón por la batidora. Y añadimos una cucharada de sal, dicen que mejora la textura.

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No he conseguido averiguar el tiempo normal de este proceso. El objetivo es lograr una textura consistente, pero no se hasta qué punto.

Como lo que más eché en falta en los tutoriales fue unas imágenes claras de cómo queda la masa al finalizar, os hice el aspecto que tenía la mía cuando me cansé de batir. Creo que le faltaba un poquito más porque luego en los moldes supuró un poco de aceite.

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7. Ahora añadimos el ingrediente extra, en este caso el Aloe Vera previamente triturado y si quieres unas hojitas de los restos de la infusión.

Esto es otro paso que en alguno de los tutoriales ponen justo tras añadir el aceite, pero después del desastre de la primera vez que lo hice así, creo que es mejor asegurarse de conseguir el jabón y luego nos ponemos creativos.

Mirando atrás, he de decir que si es vuestra primera vez, os aconsejo a que lo hagáis sencillo, sin ingredientes extra. Así si falla será más fácil determinar por qué. Yo creo que la primera vez había demasiada cantidad de Aloe Vera.

8. Ya podemos echar el líquido en los moldes y tapar con un trapo porque dicen que ayuda a la saponificación y lo dejamos reposar hasta el día siguiente.

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9. 24 horas después, momento tenso, destapamos y vemos qué ha pasado durante la noche. Se supone que ya deben de tener un aspecto sólido y es el momento de cortar en pastillas si lo has puesto en un molde grande. Yo esperé 3 días porque estaba muy líquido todavía.

10. Finalmente debemos esperar 30 días para que el jabón madure y nuestra piel no corra ningún peligro con la sosa. Hasta entonces, no sabremos cierto si ha funcionado. Pero precisamente en experimentar la emoción de cada paso, aprender a soportar la espera y disfrutar del éxito reside el verdadero valor del proceso.

A mi me queda una semana de espera para poder usarlo y estoy contando los días.

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Me encantará saber de vuestros experimentos, y si encontráis errores en mi receta, por favor, corregidme para mejorarlo en el próximo invento!

Si queréis conocer más actividades para tener momentos slow, no dejes de seguir el blog pulsando en el botón que dice “Follow” en la esquina inferior derecha de esta misma página.

P.D. Quien quiera Aloe Vera, tengo un montón de hijitos que se pueden transplantar.

Un placer verte por aquí una vez más.

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